El 29 de enero de 1821 se sublevaron altos oficiales realistas contra el virrey Pezuela, quien renunció a su cargo y fue sustituido por el general José de la Serna, que sería confirmado más tarde como virrey del Perú por la corona.
El nuevo virrey propuso a San
Martín nuevas negociaciones diplomáticas, que finalmente fracasaron debido a
que la propuesta definitiva del general era la independencia del Perú. El sitio
de Lima se prolongó por algunos meses; en el mes de marzo arribó al Perú el
capitán Manuel Abreu, enviado por el rey de España como emisario pacificador,
sin ninguna consecuencia favorable para los independentistas. San Martín
decidió iniciar una nueva estrategia y envió dos ejércitos, uno al mando del
general Guillermo Miller, para desembarcar en las costas del sur, y otra al
mando del general Arenales, hacia la sierra.
San Martín dejó Huacho y
desembarcó en Ancón, estrechando el cerco a Lima. En simultáneo inició nuevas
negociaciones de paz, que se realizaron entre mayo y junio en la hacienda de
Punchauca, cerca de Lima; los delegados de San Martín fueron Tomás Guido, Juan
García del Río y José Ignacio de la Roza; por parte del virrey La Serna fueron
Manuel Abreu, Manuel de Llano y José María Galdeano. Las negociaciones de nuevo
fracasaron.
Pocos días después se pasó a
sus filas uno de los más destacados regimientos de las fuerzas del virrey: el
regimiento realista Numancia, compuesto de venezolanos y neogranadinos, que
había sido formado en Venezuela en 1813 y enviada al Perú tres años más tarde
por Pablo Morillo. Esta deserción en masa desmoralizó al resto de las fuerzas
realistas, lo que obligó a de La Serna a abandonar la ciudad el 5 de julio e
internarse en la sierra. Esto le abrió las puertas de Lima a San Martín.
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