La tarde del 20 de agosto zarpó, de Valparaíso, la Escuadra y el Ejército Libertador, bajo la protección de la enseña chilena. Ya en alta mar, Cochrane abrió los pliegos de Instrucciones que le había entregado O’Higgins y en las cuales se le señalaba que el Capitán General don José de San Martín era el jefe a quien el gobierno confiaba la exclusiva dirección de las operaciones de la empresa libertadora.
El 7 de septiembre la escuadra libertadora anclaba en la bahía de Paracas, al finalizar casi ya la tarde. El boletín N° 1 del Ejército Unido libertador del Perú narra la llegada de la siguiente manera: “El 7 de setiembre entró el convoy por el canal de San Gallán, a la bahía de Paracas, tres leguas al sur de Pisco, donde fondeó a las 6 de la tarde” (2)
El desembarco comenzó al día siguiente, a las cuatro de la madrugada. Se realizó sin mayores contratiempos debido a que las fuerzas realistas encargadas de la defensa de las costas de Pisco, que totalizaban quinientos efectivos y estaban al mando de Manuel Quimper, no ofrecieron la menor resistencia, prefiriendo emprender retirada hacia Ica.
Antes de continuar analizando el desembarco del ejército libertador, debemos referirnos a tres documentos que San Martín suscribió este mismo día 8 de setiembre El segundo documento es una proclama dirigida al pueblo peruano. En él se indica la misión y caracteres de la empresa libertador y un decreto sobre la situación política y administrativa en las zonas que fuesen siendo ocupadas por el ejército libertador La proclama es la siguiente:
1. El primero es una sentida proclama dirigida a su ejército, llena de gran calor humano e idealismo, recordándoles la conducta que debería seguirse en el nuevo territorio.
2. El segundo documento es una proclama dirigida al pueblo peruano. En él se indica la misión y caracteres de la empresa libertador y un decreto sobre la situación política y administrativa en las zonas que fuesen siendo ocupadas por el ejército libertador.
3.El tercer documento, suscrito también el 8 de setiembre, es una proclama dirigida al pueblo peruano con la finalidad de tratar de convencer a aquellos que confiaban en el reformismo del sistema colonial, basado en la nueva jura de la Constitución Liberal de Cádiz de 1812, por obra de Fernando VII, a consecuencia de la revolución encabezada por Rafael del Riego.
Este desplazamiento se hizo de una forma totalmente lento, a consecuencia del terreno muy arenoso. Según expresión del Boletín del Ejército, recién a las siete de la noche se ponía a tiro de fusil de dicho pueblo. Las Heras ordenó hacer alto, y solo después de inspeccionar y comprobar que había sido totalmente evacuado, ingresaron a Pisco, vivaqueando en aquel día en la plaza pública. Recién al día siguiente se llevó a cabo el acuartelamiento de la primera división.
El
virrey Pezuela fue informado, con gran celeridad, del desembarco del ejército
libertador gracias a un espía que había presenciado el desembarco y que incluso
llevó a cabo ciertas investigaciones.
Óleo de la pintora Etna Velarde que se conserva en el Instituto
Sanmartiniano del Perú.

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