2.1Formación del Ejército Libertador

 

Definidas las líneas generales del plan de campaña, San Martín inició los trabajos para organizar el ejército con que habría de llevar a cabo la gran empresa, sobre la base de los dos únicos núcleos de tropas que existían en Mendoza: el Cuerpo de Auxiliares de Chile, al mando del coronel Gregorio de Las Heras - que fue llevado a Mendoza después de la derrota de Rancagua, en 1814- y las milicias cívicas de la provincia, agrupadas en dos cuerpos de  caballería y dos batallones de infantería denominados Cívicos Blancos y Cívicos Pardos.

Hacia octubre de 1815, el incipiente ejército contaba ya con unos 1.600 soldados de infantería, 1.000 de caballería de línea y 220 artilleros, con 10 cañones. Mientras aumentaba el ejército, se presentaban problemas de difícil solución, pues había que vestir a las tropas y poner en condiciones de uso al armamento que, en su mayor parte, se hallaba en mal estado. Escaseaban, además, la pólvora y las municiones, careciéndose de medios para proveerse de ellas pues las únicas fábricas existentes en Córdoba y La Rioja. No alcanzaban a satisfacer la demanda del Ejército del Alto Perú. El ingenio inagotable de San Martín zanjó en poco tiempo estas dificultades.

Hasta ese momento, principios de 1816, la campaña sobre Chile no había sido formalizada oficialmente por el Gobierno nacional. Como era urgente apresurar su organización con la incorporación de otros 1.600 hombres, la obtención de ganado y dinero para la adquisición de armas, San Martín comisionó a Manuel Ignacio Molina para que se entrevistara con el director Supremo. Como resultado de la gestión, solamente obtuvo una contribución en dinero.

 

En marzo de 1816, San Martín solicitó la incorporación de los otros dos escuadrones de Granaderos a Caballo que se encontraban en el Ejército del Alto Perú. Al siguiente mes se le enviaron estos granaderos que, al pasar por La Rioja, reclutaron 100 hombres más. El 3 de mayo de 1816, el Congreso nacional, reunido en Tucumán, eligió Director Supremo a Juan Martín de Pueyrredón. Este, ante la insistencia de San Martín, con quien tuvo una entrevista en Córdoba, orientó todos los esfuerzos hacia Cuyo. Se activaron los trabajos y esta provincia cordillerana se transformó en una inmensa fragua para forjar un ejército bien dotado que debía abatir el estandarte español en Chile.

El Regimiento de Granaderos a Caballo quedó finalmente organizado con cuatro escuadrones de 145 hombres cada uno. El quinto escuadrón, formado con personal seleccionado, se transformó en el Escuadrón Cazadores de la Escolta. Con los artilleros se creó un batallón de 241 hombres con 18 piezas de diverso calibre.

Al iniciarse la campaña, San Martín había pedido al Gobierno nacional la aprobación de la hipoteca de 44.000 pesos hecha de los fondos generales de hacienda de la provincia en favor de los prestamistas, de los que 24.000 erogó Mendoza, 18.000 San Juan y 2.000 la Punta de San Luis. También obtuvo del comercio de Mendoza un préstamo adicional de 20.000 pesos.

 

Fue así como, al conjuro del Gran Capitán, surgieron todos los recursos para organizar, armar, equipar y mantener un ejército. Cuando la población de Cuyo ya no tuvo nada para dar, continuó ofreciendo sus propios esfuerzos: las damas cosieron ropas e hilaron vendas; numerosos artesanos prestaron su concurso para las construcciones militares; los carreteros y arrieros realizaron el transporte gratuito de todos los elementos necesarios al ejército. En todo momento las fuerzas reclutadas recibían una cuidadosa instrucción, dirigida personalmente por el general San Martín, la que se intensificó a mediados del año 1816. Se estableció un campamento en el paraje llamado El Plumerillo, pocos kilómetros al noreste de Mendoza. En el frente del campamento se despejó un gran terreno que se destinó como plaza de instrucción y, hacia el oeste, se construyó un tapial doble para espaldón de tiro.

 

Al finalizar ese año, la instrucción militar, tanto de las tropas como de los cuadros, había alcanzado un grado de perfeccionamiento no igualado, hasta entonces, por ejército americano alguno. Esta estructura bélica se completó con un Cuartel General, con el Estado Mayor (creado el 24 de diciembre de 1816), con las especialidades (barreteros de minas, arrieros y baqueanos) y con los servicios de vicaría castrense, sanidad, remonta, justicia, aprovisionamiento y custodia de bagajes.

 

Los efectivos de todas las unidades de línea, servicios y tropas auxiliares del Ejército de los Andes, arrojaron un total de: 3 generales, 28 jefes, 207 oficiales, 15 empleados civiles, 3.778 soldados combatientes y 1.392 auxiliares, lo que suma un conjunto de 5.423 hombres. Disponía, además, de 18 piezas de artillería, 1.500 caballos y 9.280 mulas. Sólo faltaba al ejército una bandera: el comercio de Mendoza proveyó la sarga, de colores blanco y celeste, con la cual varias damas confeccionaron el estandarte que las huestes redentoras llevaron hasta el pie del Chimborazo.

A finales de 1815, San Martín reúne a sus oficiales y expone su plan del paso de los Andes y la reconquista de Chile. En 1816, insistía ante el gobierno de Buenos Aires la conveniencia de iniciar la empresa del paso de los Andes. Ya había comenzado con sus actividades de espionaje y tenía confidentes en Santiago. Luego de muchas negociaciones, logra que el gobierno de Buenos Aires le de la luz verde para cruzar la Cordillera y le nombra general el jefe del Ejército de los Andes.

 

En septiembre lleva su ejército, de 4 mil hombres, al campamento del Plumerillo, al norte de Mendoza, donde los soldados y los jefes se entrenan para la batalla; allí se completaron los últimos pertrechos necesarios. Luego, el de enero de 1817, el ejército se dirige, en desfile, hasta Mendoza, donde, en presencia de las autoridades y del pueblo, jura ante la bandera celeste y blanca del Ejército y, como patrona, ante la Virgen del Carmen.

 

Todo estaba listo para cruzar los Andes, con caballos, cañones, municiones y víveres para un mes. Dos divisiones, al mando de los generales Miguel Estanislao Soler y Bernardo O´Higgins cruzaron por el Paso de los Patos; otra, al mando de Juan Gregorio de Las Heras, debía marchar por el camino de Uspallata con la artillería; una división ligera, al mando de Juan Manuel Cabot, cruzaría desde San Juan por el Portezuelo de la Ramada y apoderarse de Coquimbo; otro destacamiento ligero debía cruzar desde La Rioja y ocupar Copaipó, cruzando la cordillera por el paso de Vinchina; finalmente, por el sur, el capitán Ramón Freyre penetraría por el Planchón para apoyar a las guerrillas chilenas. Durante la segunda quincena de enero partieron todas las divisiones con instrucciones secretas. La consigna era que todos aparecieran simultáneamente sobre el territorio chileno entre el 6 y el 8 de febrero.

 

                    Retrato del General San Martín donde se lo observa con su uniforme militar, y en el fondo nubes, montañas y picos nevados que exaltan la gran proeza que realizó al cruzar la Cordillera de los Andes junto a su ejército. Autor: Rosso José 

 

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