Preocupado por los recientes avances de los realistas y lo escaso de sus recursos San Martín decidió entrevistarse con Simón Bolívar, el gran líder de la Corriente Libertadora del Norte, marchando a Guayaquil donde ya se encontraba el libertador venezolano. Fueron tres los asuntos principales que debieron conversar ambos jefes: Los límites entre el Perú y Gran Colombia (sobretodo la posesión de Guayaquil), la ayuda militar gran colombina y el sistema de gobierno más conveniente al Perú.
En ninguno de los puntos San Martín logró lo que buscaba. Cuando San Martín le ofreció el liderazgo de la campaña libertadora en el Perú, Bolívar le dio a entender que solo lo aceptaría si él se retiraba del Perú. San Martín regresó a Lima con la idea de abandonar el Perú para dejarle el camino libre a Bolívar y se lleve la gloria de completar la independencia americana.
Este plan se aceleró cuando al llegar supo que los limeños habían capturado y expulsado a Bernardo Monteagudo, su mano derecha en el gobierno. 7 En este difícil contexto el Libertador argentino logró reunir al Primer Congreso Constituyente, que desde el comienzo estaba controlado por los liberales republicanos. El mismo día de su instalación (20 de setiembre de 1822) San Martín presentó su renuncia irrevocable a todos los cargos públicos que ejercía en el Perú.
Sus palabras de despedida fueron: “La presencia de un militar afortunado, por más desprendimiento que tenga es temible a los Estados que de nuevo se constituyen. Por otra parte, ya estoy aburrido de oír que quiero hacerme soberano. Sin embargo, siempre estaré pronto a hacer el último sacrificio por la libertad del país, pero en clase de simple particular y no más. En cuanto a mi conducta pública, mis compatriotas (como en general de las cosas) dividirán sus opiniones; los hijos de éstos darán el verdadero fallo”.
El Congreso Constituyente le agradeció sus servicios al Perú, lo nombró Generalísimo y le otorgó el título de Fundador de la Libertad del Perú.
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